COMUNIDAD Y DIÁLOGO EN EL RESIDENCIAL LUIS LLORÉNS TORRES : EL RETO DE TRASCENDER LAS DIFERENCIAS AL INTERIOR DE UNA GRAN COMUNIDAD [1]
 

Por Alfredo Carrasquillo Ramírez [2]


Introducción

     El proyecto Comunidad y Diálogo supuso, para los líderes comunitarios del Residencial Luis Lloréns Torres de Santurce, un gran reto. El desafío no tuvo que ver con una falta de experiencia deliberativa de parte de los residentes. Más bien, tuvo que ver con el reconocimiento por parte de éstos de que, si querían desarrollar una experiencia deliberativa productiva y enriquecedora, tenían que lograr un encuentro de líderes y residentes de los distintos sectores del Residencial.

     Es por todos conocido el hecho de que la comunidad del Residencial Luis Lloréns Torres es más grande que la de la mayoría de los municipios del país. En los límites ahora enrejados de ese proyecto de vivienda pública, conviven más familias que en cualquier otro residencial de la isla. Tales dimensiones llevaron a la administración, otrora gubernamental, a dividir Lloréns Torres en tres sectores: Providencia, Youth Center y El Medio. Las consecuencias de tal división -que indiscutiblemente sería más que pertinente estudiar- incluyen la separación del liderato comunitario del Residencial y el olvido, de acuerdo a sus residentes, de que, después de todo, los problemas que afectan a un sector afectan a otro pues Lloréns es uno solo. De ahí que, una vez se plantearon los objetivos que el proyecto Comunidad y Diálogo [3] se proponía alcanzar, los líderes del Sector El Medio -quienes se convertirían en los anfitriones de los diálogos- y los líderes de la organización de base comunitaria Atrévete -nuestro contacto inicial en Lloréns- coincidieron en que habría que invitar a líderes y residentes de los tres sectores de la Comunidad para poder asegurar que el diálogo que allí tuviese lugar fuese exitoso.

     De modo que al proponernos relatar ahora parte de lo acontecido en los diálogos comunitarios celebrados como parte de este proyecto, lo primero que conviene destacar es este hecho: se trató de una serie de diálogos en la que, por primera vez para algunos, por primera vez en mucho tiempo para otros, líderes de distintos sectores y organizaciones comunitarias de Lloréns se sentaron a conversar en torno a asuntos de preocupación común. No quiere decir ésto que la convocatoria fue totalmente exitosa; varias organizaciones y uno de los sectores estuvieron ausentes durante casi todo el proceso. Pero sí es cierto que buena parte de la fragmentación del liderato comunitario encontró en los diálogos un espacio de reunión y encuentro, un lugar de desahogo e intercambio. Recordando la famosa frase que nos acompaña desde los tiempos del Imperio Romano, "divide y conquistarás", los participantes de esta serie de diálogos comunitarios se dieron cuenta que por ejemplo, si deseaban ser efectivos y eficientes en su diálogo con los agentes administradores del Residencial, debían hacerlo todos juntos. Por algún tiempo, la estrategia de ambas partes había sido sostener reuniones entre el agente administrador y cada organización separadamente. Inmediatamente después de los diálogos, el grupo de líderes de Lloréns le comunicó al agente administador que, a una importante reunión pautada para la semana siguiente, todos los líderes y representantes de las corporaciones, organizaciones y consejos irían juntos y no separadamente.

     No creo que podamos asignarle al espacio de diálogo posibilitado por nuestro proyecto la responsabilidad exclusiva por lo que acabo de relatar. Conviene recordar que este esfuerzo se inserta en un proceso de trabajo iniciado mucho antes por los líderes y, en todo caso, viene a fortalecer las bases comunitarias y de trabajo colectivo mucho antes iniciadas. Sin embargo, quedó claro que, uno de los logros más significativos del proyecto fue ese diálogo coincidente entre quienes por lo general trabajan y piensan fragmentadamente y que, gracias a dicho espacio, pudieron re-confirmar que son parte de una sola comunidad y que, salvo una que otra particularidad, enfrentan los mismos desafíos.

     Al igual que en los otros escenarios, en Lloréns Torres nos proponíamos abordar dos preocupaciones urgentes para la vida de los residentes y la comunidad en general: el desempleo y la crisis del sistema educativo o, como lo planteamos en nuestra convocatoria para así darle un enfoque positivo a la iniciativa, la autogestión como opción económica y social, y la educación alternativa. Pero, como en cualquier otro contexto, el diálogo se inició con una reflexión en torno al problema del desempleo que nos llevó a considerar la autogestión como una de las alternativas y prosiguió con un par de diálogos finales en los que se comenzó a abordar el tema de la educación a partir de las dificultades que los niños y jóvenes de la comunidad enfrentan en su vida escolar cotidiana. La necesidad de continuar deliberando en torno al tema de la educación es parte de la agenda futura de esta comunidad y, posiblemente, de futuras fases de este proyecto.

 La experiencia de la deliberación ciudadana

     Como apunté anteriormente y contrario a lo que sucede en otros escenarios, en Lloréns no fue necesario ningún esfuerzo formativo previo para crear las condiciones para el diálogo; un corto saludo que cedió la palabra a una de las participantes para que se presentara y explicara las razones que la habían llevado allí, fue lo único que hizo falta para hacer circular la palabra. En todo caso, las dificultades en términos de la facilitación de los diálogos tuvieron que ver con el poco espacio que el grupo dejaba, dados el entusiasmo y la pasión que ponían en el ejercicio deliberativo, para la intervención del facilitador. Tal intervención hubiese sido útil, en algunos momentos, para intentar mantener la dirección del proceso. Suele acontecer que un tema o problema lleva a otro y de ahí a otro y un comentario de uno de los participantes crea las condiciones para una anécdota y, cuando uno viene a ver, el intercambio ha sido valiosísimo pero las digresiones han sido demasiadas y la diversidad temática, si bien productiva, ha impedido el trabajo incisivo y continuo en torno a una problemática en particular.

     Sucede como todo: los asuntos de interés ciudadano, si son abordados en su complejidad, llevan al grupo a referirse a muchísimos otros problemas relacionados. El esfuerzo deliberativo supone, de muchos modos, la construcción de redes; redes formadas por ciudadanos que, a partir de ese momento, van a tener la opción de estar más unidos o, al menos, conocerán con mayor claridad tanto los temas que los ocupan como los valores y retos que los acercan. También redes de problemas, es decir, se visualiza, a veces por primera vez, la conexión de unos problemas con otros, y la necesidad primero, de centrarse en un problema medular y, de ahí, ampliar el foco de nuestra atención para tomar en cuenta muchos elementos y problemas relacionados que, de no ser atendidos, impedirán la solución o consideración adecuada del primero.

     En buena medida, lo que llamo digresiones -experimentadas a lo largo de los diálogos-, más que digresiones, fueron conexiones con otros temas. De un problema se llegaba a otro y en el proceso de precisar tales conexiones la comunidad construía una lectura de su situación -de las paradojas y contradicciones de ésta-, y comenzaba a tejer una cuidadosa comprensión del tema que nos ocupaba -comprensión que asumía -y no rechazaba- la complejidad del problema. Las soluciones, se veía claro entonces, no son fáciles; son muchas las cosas que hay que atender, negociar y trabajar si se quiere construir un mejor lugar para todos. Y una cosa iba quedando clara: dicha construcción sería fruto de un proceso deliberativo en el que se tomarían decisiones sin aspirar a encontrar la solución perfecta. Lograr esa claridad es fruto, en buena medida, de la riqueza metodológica de la deliberación ciudadana.

     La deliberación ciudadana puesta en práctica en Lloréns crea las condiciones para llegar a articular tales soluciones y diseñar tales futuros. Para ello, se valora el decir de todos los participantes, se dialoga de modo colaborativo y no adversativo, se intenta ver la complejidad de los problemas con sus pros y contras reconociendo que toda posible solución tiene sus beneficios pero también sus costos. Tomar decisiones juntos, en comunidad, supone reconocer que no hay decisiones mágicas ni perfectas, sino posibles caminos en los que la comunidad misma tiene que decidir por qué opta, qué valora, qué está dispuesta a perder y a qué no está dispuesta a renunciar. Este proceso va creando, por un lado, una voz pública que estructura la acción ciudadana y, por el otro, el sentido de pertenencia tan necesario para que los ciudadanos asuman su responsabilidad y cuiden lo que han creado.

 El rol del facilitador

     En términos de mi rol como facilitador de la experiencia dialógica que tuvo lugar martes tras martes en la biblioteca del Consejo de Residentes del Sector El Medio de Lloréns, podría decir que las observaciones son varias. Por un lado, el entusiasmo de los participantes aseguró un diálogo en el que estuve, como facilitador, fundamentalmente ausente. Mi intervención, si bien en algunos casos fue imposible, en otros resultaba innecesaria. Como en un buen grupo focal, la posibilidad de que el facilitador se "ausente", esto es, que no tenga que intervenir, habla de un ejercicio que podría estar siendo exitoso. [4] Pero ocurría algo más: o bien los participantes se olvidaban de que yo estaba allí o bien llegó un momento -a partir de la tercera reunión- en que no se me reconocía ya como un "otro" del grupo sino que, sólo en ocasiones, el grupo se refería a -recordaba, diría yo- mi presencia como facilitador y la mayor parte del tiempo pasaba a ser algo así como un participante que permanecía callado mientras el diálogo se desarrollaba. Con esto no quiero decir que mi diferencia se borrara, sino que, por momentos, pienso que durante buena parte del proceso, mi presencia parecía ser más bien una ausencia.

     En varias ocasiones, al finalizar los diálogos, alguna de las líderes se me acercaba y me decía que esperaba que lo que allí estaba ocurriendo fuera lo que el proyecto pretendía. Yo le aseguraba que sí, pues creía que lo más importante se estaba logrando: un grupo diverso de residentes había conseguido sentarse a conversar. Nadie estaba monopolizando la conversación, nadie estaba imponiendo sus criterios a los demás. Ni siquiera, como suele ocurrir en tantos "debates", nadie estaba atropellando a otro hablando por encima de lo que ese otro intentaba articular. No podría decir, sin embargo, que en cada diálogo que allí aconteció, se dió un proceso estructurado y fácil de precisar. De hecho, varias veces salí de Lloréns con la sensación de que la experiencia -sin duda intensa- había sido un tanto caótica. Mi deseo era –y mi intuición me hacía pensar que sí- que del caos que allí había presenciado pudiera oportunamente articularse algún sentido. Algún saber. Y en efecto, así fue. Mirando atrás y reconstruyendo el proceso de los diálogos, diría que siempre se trataba de eso que Richard Harwood [5] ha llamado un caos repleto de sentido, que posibilita el tejido de relaciones sociales más sólidas.

     Creo que una de las cosas que se evidenció en este proceso coincide con la apreciación que de muchos procesos comunitarios en Puerto Rico hemos podido elaborar. Se trata de que la carga de trabajo y la intensidad y la pasión con las que tantos líderes comunitarios asumen su compromiso de trabajo, no deja un minuto para sentarse y reflexionar sobre sus prácticas. Se actúa, se trabaja y se practica siempre con urgencia, siempre contra el reloj. En consecuencia, el tiempo para la reflexión -todavía más para la reflexión y el análisis en comunidad, es decir, con los otros- se convierte en un lujo que casi nadie puede permitirse. Bien sabemos que la acción en cualquier escenario -y en el trabajo comunitario en particular- necesita de la reflexión. Y la reflexión es más rica si se comparte y se pone a prueba con los otros. Eso confirma la pertinencia de proyectos como Comunidad y Diálogo. Sin embargo, la ausencia de tales espacios de reflexión en la vida cotidiana de las organizaciones comunitarias hace que, cuando se crea un espacio como el que nuestro proyecto posibilitó, la gente tenga demasiadas cosas que decir. El exceso de experiencias que encuentra en estos espacios un lugar para ser articulado convierte los diálogos, inevitablemente, en un espacio en el que, no importa el tema que se proponga, se hablará de muchas cosas.

     Esto me lleva a referirme brevemente al hecho de que, cuando la discusión toca una urgencia de la comunidad, la conversación lógicamente pasa a concentrarse en ella. Esto lo experimentamos en Lloréns y, evaluando lo acontecido, creo que, como facilitador, fui algunas veces algo inflexible en ceder al curso que el diálogo estaba tomando. Me explico. Como parte de los esfuerzos de preparación del proyecto, los facilitadores de los diálogos y el personal de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades sostuvimos varias reuniones en las que discutimos cuidadosamente los objetivos del programa y las metodologías que habrían de estructurarlo. Si bien algunos facilitadores centrarían su trabajo en la metodología del lenguaje total, yo habría de concentrarme en la metodología de los Foros de Participación Ciudadana -particularmente en el proceso de enmarcar los problemas que queríamos discutir. El acuerdo -que me parece todos seguimos- fue que no asumiríamos las metodologías como camisas de fuerza sino como toda metodología debe ser asumida: como un modo de enmarcar el proceso y crear las condiciones para una experiencia efectiva y abierta. En mi caso, varios elementos de la metodología del lenguaje total me sirvieron para iniciar en dos momentos los diálogos con núcleos generadores. Igualmente, varios elementos de las metodologías del teatro popular fueron integrados con éxito a la hora de mostrar, por medio de la recreación de situaciones cotidianas, los conflictos en juego.

     El error que entiendo cometí como facilitador de los diálogos en Lloréns se hizo evidente en una de las reuniones. La utilización de la metodología de los Foros de Participación Ciudadana depende de que el asunto a discutir haya sido previamente enmarcado, vale decir, que el problema haya sido precisado y algunas opciones posibles hayan sido propuestas. Tales precisiones son condiciones de posibilidad para la deliberación en un foro. El objetivo que me propuse en la serie de diálogos en Lloréns fue, por un lado, abrir espacios para la deliberación y, por otro, enmarcar al menos uno de los asuntos para que, al final del proceso, los líderes participantes tuviesen la posibilidad de crear espacios de diálogo con otros residentes contando ya con una guía para la deliberación. 

     Pues bien. El resultado fue verdaderamente un éxito. El problema del desempleo fue abordado y enmarcado con bastante eficiencia. Los participantes mostraron una gran capacidad para comprender el proceso metodológico y asumirlo. No obstante, en mediodel proceso de construir los pros y los contras a las opciones, la conversación se desvió al tema de la vivienda pública, el pago de renta en el residencial y los esfuerzos para que los residentes bien compren sus apartamentos o bien se muden del residencial a otro lugar. El tema, naturalmente, estaba bastante "caliente" y capturó toda la atención de los residentes. Creo que pude crear las condiciones para que el asunto se discutiese pero, en un momento dado, intervine para regresar al proceso anterior -a la construcción de los pros y los contras de las posibles soluciones al tema del desempleo- y el resultado inesperado fue detener el proceso y restarle intensidad al diálogo.

     Relato este error que ahora reconozco para dar cuenta de algo que, si bien fue planteado en las reuniones preparatorias del proyecto, propongo que sea enfatizado aún más en futuras fases y en iniciativas similares: llegados al momento en que un tema aparece y captura la atención y el corazón de los participantes, conviene, más aun es imprescindible, dejar de lado lo que estábamos haciendo y concentrar en lo surgido. Habrá tiempo, más adelante, de retomar lo inconcluso.

     En el proceso de diálogo fueron múltiples las opiniones articuladas. Al igual que en cualquier otro contexto, uno podía percibir unas perspectivas más informadas que otras. Lo interesante del intercambio entre líderes del Residencial que, como hemos dicho, trabajan la mayor parte del tiempo separadamente, fue observar cómo, por un lado se "suplían" unos a otros datos importantes y, por el otro, tal intercambio ponía en entredicho informaciones contradictorias recibidas de parte de funcionarios gubernamentales y agentes administradores. Junto con esos hallazgos e intercambios, fue hermoso presenciar cómo, gracias a la información obtenida de otro compañero, un/a participante re-evaluaba su postura respecto al tema y articulaba una nueva opinión tomando, en consecuencia, una nueva posición.

     En Lloréns pudimos confirmar lo presenciado en otros proyectos de vivienda pública: los agentes administradores, funcionarios de gobierno y "expertos" contratados por los primeros dos, establecen relaciones con los residentes en las que la dignidad de estos últimos se ve atropellada. En el mejor de los casos se les trata como consumidores de servicios. Pero lo que parece casi siempre ausente -y esto a pesar de que todo lo referente a la participación de los residentes en las más recientes leyes y reglamentos de vivienda pública, que podrían considerarse de avanzada- es la consideración de los residentes de residenciales públicos como lo que son: ciudadanos. En la mayoría de los casos se les mira desde la sospecha; se les trata con un paternalismo profundamente anti-democrático. Se les oculta información al hacerles accesible sólo parte de los documentos que les informan de sus derechos; y, en el peor de los casos -más frecuente de lo que uno desearía-, simplemente se les infantiliza y se les desprecia. En Lloréns, al igual que en tantas otras comunidades, muchos residentes deciden actuar y actúan como ciudadanos a pesar de que casi todo atenta contra dicha iniciativa.

 Valor pedagógico de la experiencia

     Llegados a este punto conviene precisar el valor pedagógico de la metodología utilizada para la celebración de estos diálogos. En la medida que reconoce y asegura un lugar para la palabra de todos los residentes, la metodología deliberativa reconoce a cada residente en el lugar del ciudadano, vale decir, en el lugar de un actor político responsable de la toma de decisiones en su comunidad. Ésto exige, por tanto, que para participar de los diálogos, cada residente se re-afirma en el lugar de ciudadano y no un lugar pasivo similar al que, por ejemplo, los administradores y funcionarios gubernamentales esperan que ellos tomen.

     ¿Cuál es la importancia pedagógica de ésto? Tiene que ver con una de las paradojas a las que se enfrenta toda sociedad democrática y que podría formularse por medio de las siguientes preguntas: ¿Cómo crear las condiciones para que los ciudadanos participen como actores políticos en el espacio público cuando sus primeras experiencias de socialización –la familia y la escuela- son, en la gran mayoría de los casos, experiencias profundamente anti-democráticas en las que, por medio del miedo, la coerción y la infantilización, se les “enseña” a ser “ciudadanos responsables y de bien”? ¿Cómo cuando dicha “enseñanza” depende de la destitución subjetiva de ese niño-futuro-ciudadano convirtiéndolo así en un objeto del saber/poder de otros que quieren –más aún, creen tener las claves de- su bienestar? Entiendo que el reto de todo proceso educativo que aspire a ser democrático radica en abrir espacios, en el escenario escolar mismo –convertido en comunidad de cuestionamiento-, para la participación ciudadana y la deliberación comunitaria. Entiendo que dentro y fuera del salón de clases la metodología deliberativa posibilita un ejercicio democrático de la autoridad que contribuye a una estructuración psíquica saludable de los educandos, y un intercambio de saberes entre sujetos con distintas experiencias y edades –intercambio que sólo es rico en posibilidades democráticas si no se desliza hacia el camino fácil de la destitución subjetiva, la intimidación e infantilización de los ciudadanos.

 Las relaciones de poder al interior de la comunidad

      Por otra parte, cabe señalar que la comunidad de líderes de Lloréns Torres, como cualquier otro espacio de relaciones sociales, no está exenta de luchas de poder. Si bien los diálogos no tuvieron que convertirse en espacios en los que dilucidar diferencias entre líderes en pugna, sí fue perceptible, en varios momentos, cierta animosidad y rivalidad entre algunos líderes –sobre todo entre aquellos/as que han "competido" por el favor de sus vecinos en las elecciones de los miembros de los Consejos de Residentes. También fue significativa la presencia de algunos líderes en las reuniones iniciales del proyecto y su posterior ausencia en las mismas. Varias podrían ser las razones para tales ausencias y sería riesgoso aventurarnos a elaborar una interpretación al respecto. Lo que sí está claro es que en la experiencia de los diálogos seguramente varias cosas quedaron cifradas. Sólo me atrevo a decir que futuras fases del proyecto tendrán -o al menos podrán- descifrar lo cifrado que, a mi modo de ver, habla de antagonismos y conflictos intersubjetivos que no han sido resueltos.

     Por otro lado, los inicios del proceso de enmarcar el problema del desempleo mostraron tanto la complejidad del tema como la variedad de problemas relacionados que la reflexión sobre el desempleo provoca en los residentes. Veamos el resumen de la situación problema tal como fuera colectivamente articulada y acordada por los residentes:
 

El desempleo es una de las causas principales de la poca autoestima que tiene la gente, que tiene como consecuencia vicios como el alcohol, la droga y la comida. El desempleo provoca separaciones, depresión, estrés, deudas, suicidios, muertes, problemas matrimoniales, maltrato, violencia doméstica, enfermedades psicosomáticas y que la gente caiga en la cárcel. La falta de empleo nos lleva a depender de las ayudas del gobierno, provoca envidia hacia los que tienen cosas que no podemos tener y nos puede crear un complejo de inferioridad al tratar de conseguir un empleo y no lograrlo ni recibir apoyo de la familia, las agencias y la comunidad. Esto provoca desasosiego, desaliento, decepción y hasta locura. La falta de empleo muchas veces tiene que ver con los estereotipos y el discrimen por ser de un residencial o una barriada y aun teniendo la educación, no somos seleccionados para el puesto solicitado. La falta de educación y el aumento de los requisitos para conseguir un empleo, la eliminación de agencias y fábricas, la necesidad de padrino y la llegada de inmigrantes aumentan el desempleo. La dependencia del gobierno no motiva a los residentes a buscar trabajo y mantenerse en ellos.


     Luego de un arduo proceso de crear y sopesar múltiples vías de solución al problema del desempleo, cuatro posibles opciones fueron construidas:

*Primera opción: La comunidad debe reunirse con representantes de las agencias del gobierno y exigirles que atiendan y busquen soluciones adecuadas al problema del desempleo.

*Segunda opción: Todos nuestros esfuerzos deben ponerse en la educación de los ciudadanos para que logren prepararse de manera adecuada para conseguir empleos. La falta de educación es el problema.

*Tercera opción: La comunidad misma debe ponerse a crear sus propias fuentes de empleo por medio de la creación, por ejemplo, de empresas propiedad de trabajadores.

*Cuarta opción: El desempleo es un problema de discrimen contra los residentes de residenciales y barriadas; de ahí que la solución esté en bregar con ese problema de discrimen.

     Finalmente, una serie de preocupaciones y temas relacionados fueron abordados en distintos momentos, pero queda claro que cada uno de ellos podría ser el tema de futuras fases del proyecto:

*El problema de vivienda pública, subsidios, pago de renta en el residencial y posibles vías para comprar una casa y salir del residencial, o bien para comprar sus apartamentos en el residencial.

*Fuentes de fondos para el inicio de empresas propiedad de trabajadores.

*Nuevas estrategias para dialogar y vincularse con los representantes del gobierno.

*Incentivos para estudios y otras estrategias de apoyo a estudiantes que viven en la comunidad.

*El cuidado de los envejecientes, enfermos mentales y personas con impedimentos físicos tras el fin de las ayudas federales de bienestar social.

*El control de la natalidad.

*Estrategias para unir a los jóvenes de la comunidad.

     Me resta reiterar el privilegio que supuso compartir esta experiencia con la Comunidad del Residencial Luis Lloréns Torres. El tiempo dirá si lo que allí trabajamos tendrá algún impacto a largo plazo en la vida de esa comunidad. Algo, no obstante, queda claro: la voluntad para el diálogo coincidente y la pasión con la que los líderes del Residencial Luis Lloréns Torres asumieron este proceso, habla de algo fundamental: habla del deseo de imaginar un mejor futuro para ellos/as y sus hijos/as. El primer y más importante paso había sido dado mucho antes de nuestra llegada al residencial.


[1] Versión revisada de un ensayo publicado en AA.VV. (1998). Comunidad y diálogo. Rupturas que construyen un Puerto Rico de esperanza. Caguas: Ediciones Mutación / Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, págs. 35-44.

[2]  El autor es Decano Asociado de Estudios Graduados en la Universidad del Sagrado Corazón.

[3]  El proyecto Comunidad y diálogo fue una iniciativa de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades desarrollada por la Corporación de Apoyo a Programas Educativos y Comunitarios en 1997. Dicha iniciativa supuso la realización de diálogos comunitarios en cinco comunidades del País. Allí se abordaron temas tales como la deserción escolar y la autogestión comunitaria.

[4] Richard Krueger (1994) Focus Groups. A Practical Guide for Applied Research. Londres: Sage.

[5] Richard Harwood (1993) Meaningful Chaos. How People Form Relationships With Public Concerns. Dayton: Kettering Foundation Press.